Médicos tras el telón.

Tengo pocas cosas claras en la vida, pero una de ellas es que mi profesión es la mejor del mundo. Como actor puedo ser cualquier cosa, desde repartidor de comida a domicilio hasta Director General del Banco Central Europeo, asesino a sueldo o piloto de una nave espacial. ¿No os parece genial? A mí también.

Sin embargo, el resto de profesiones no gozan de este privilegio y, a veces, para saciar el deseo de ser otra cosa, la gente convierte en pasatiempo la ejecución aficionada de otros oficios. La pintura, la fotografía, la literatura y el teatro suelen estar entre ellos, y todos tienen en común una cosa:

SON ARTE.

Dentro de mi entorno el teatro es el hobby más practicado, y cuando me puse a pensar en esta entrada me di cuenta de que algo conectaba a varias de estas personas que ni siquiera se conocían entre sí: la Medicina.

Tengo amigos médicos, amigos actores y amigos que son una cosa y también la otra. ¿Por qué? ¿Qué tiene el mundo del teatro que resulta tan interesante a quienes desempeñan labores sanitarias? Pues no lo sé, por eso recurrí a Camila para que me ayudase a comprenderlo.

Camila Elena Arranz, azudense de 29 años, acaba de terminar su residencia en Medicina Familiar y Comunitaria y está preparándose las pruebas de acceso a Arte Dramático para el próximo curso. Cuando le hablé sobre el tema aceptó enseguida charlar conmigo. No pudo ser en las acogedoras cafeterías de Madrid tomando un café dado el Estado de Alarma como consecuencia de la pandemia, pero la tecnología es muy útil si sabes usarla. Así que tiramos de videollamada, cada uno con su café made in home.

En Camila la afición por la Interpretación surgió mucho antes que su interés por la Medicina. Concretamente, desde que sus padres la apuntaron a un taller de teatro con siete años. Sin embargo, a medida que se acercaba a la edad adulta y bajo la presión de elegir un camino que asentase su vida en el futuro, se decantó por la Medicina que también le despertaba interés, quizá propiciado por sus padres que también son médicos.

«¿Elegí bien?», me pregunta medio en broma. «Ya da igual, no tiene solución. Y tampoco me arrepiento», asegura. «Creo que hacer una elección tan importante a una edad tan temprana es una barbaridad».

Reconoce que la inestabilidad laboral asociada al mundo de la Interpretación fue determinante para su decisión, pero si la Medicina no salía bien tenía claro que su siguiente objetivo era la RESAD.

Al preguntarle si cree que ambas actividades se complementan me suelta un rotundo «desde luego» antes de remangarse como si se estuviera preparando para entrar en faena. Considera que la Medicina necesita afrontarse sin prejuicios, tal y como el actor hace con el personaje. En la mayoría de los casos, los pacientes que llegan a su consulta tienen sus propios condicionantes.  Unos condicionantes que hay que conocer para comprenderles y poder ayudarles. Y de hecho, lo que ocurre dentro de la consulta no deja de ser, en cierto modo, una representación. «La alianza médico-paciente tiene mucho que ver con crear un ambiente algo teatral, íntimo, único e individualizado, que se adapta a las necesidades de cada paciente, lo cual optimiza las consultas y los niveles de satisfacción tanto del paciente como del médico». Destaca el valor de la escucha, tan importante en la Interpretación, como herramienta imprescindible para hacer una buena labor médica. Y recalca que no se refiere al proceso pasivo de oír, sino de escuchar lo que surge del paciente y poder empatizar con él, tal y como ocurre cuando te toca interpretar al “malo” de la película.

Del mismo modo que algunos elementos teatrales se cuelan en las consultas, también ocurre a la inversa. «Conoces a todo tipo de personas, de clase y condición, y aprendes a entender los problemas de cada uno de ellos. Tienes la oportunidad de observar sus gestos, sus posturas, su forma de vestir… Es una fuente inagotable de personajes. Y no sólo de personajes, también de diálogos». Me confiesa tener cuadernos llenos de anotaciones sobre situaciones espontáneas y poéticas que surgen de manera muy genuina de las personas más comunes y que son oro puro.

«Saber controlar mi lenguaje corporal de manera consciente para reducir la carga de violencia es primordial para contener las situaciones de peligro a las que nos enfrentamos con frecuencia en consulta. También es un ejercicio de interpretación el actuar con serenidad y aplomo en momentos delicados para reducir la carga de ansiedad del paciente, porque nuestra labor no es sólo biológica, sino social y psicológica».

«¿Consideras que el teatro puede curar?», le pregunto, y afirma con la cabeza sin dudarlo. «Por supuesto que cura en cierto modo, y lo hace además desde dos perspectivas», me responde. «Por un lado, desde la persona que está en el proceso de creación, que le ayuda a desarrollar habilidades nuevas que no están adheridas a su personalidad ni a su día a día, y a exorcizar en cierto modo situaciones que puedan asemejarse a otras de su vida real. Y por otro lado, desde la persona que lo recibe como público desde el patio de butacas, donde no solo puede sentirse identificada con los personajes y su forma de afrontar las situaciones, sino tener la oportunidad de ver desde fuera un enfoque distinto al que tiene en primera persona. Sin mencionar también la función de evasión que proporciona el teatro, que a mí misma me ha servido de rescate y salvavidas en épocas difíciles».

Para Camila la Medicina es el ejercicio de intentar alargar la vida en las mejores condiciones de salud posibles, que viene dado por el impulso más humano: vivir. La Interpretación, en cambio, la considera casi una necesidad para paliar la soledad de nuestra individualidad mediante la comunicación y la puesta en común de los sentimientos.

Al terminar la charla, off the record, estuvimos hablando sobre la presión y el reconocimiento social de los médicos, donde los actores nos encontramos en la antípodas. Ellos, en caso de declararse un estado de catástrofe, son considerados legalmente autoridad social detrás de la Policía. Pero esto daría para otra entrada del blog y no quiero extenderme más.

Antes de cortar la videollamada despedí a Camila con algo que llevamos meses haciendo desde nuestros balcones, darle las gracias con un aplauso. Por mi parte, espero que este gesto que ha hecho vibrar las calles solo sea el principio de una nueva Historia (sí, con mayúscula), y que pronto los aplausos puedan volver a su casa:

EL TEATRO.

Juan Jesús Di Manuel

Actor y productor.

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